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 Arturo Miranda Montero

No me extraña nadita que el republicanismo no esté en las acaloradas discusiones de nuestros días. Solo se utiliza para una coartada: la austeridad.

Pero el régimen que viene, el centralismo de la nueva élite gobernante, está diseñándose con el presidencialismo como eje y motor. Las reformas legales ya han parido a los delegados presidenciales que nomás a Él darán cuenta y razón de los estados a su cargo, dejando a los señores gobernadores electos en urnas en calidad de floreros. Al ayuntamiento (que el año próximo cumplirá 500 años) no lo pelan ni los integrantes del cabildo, dejándole todo al presidente municipal, siempre y cuando les dé lo suyo. Así, en línea vertical bajarán decisiones, disposiciones y recursos, poniendo a gobernadores y ayuntamientos de tapetes para el Señor Presidente.

Pero si algo resulta más grave es esa militarización presidencialista que borra de un manotazo a todo el sistema policial, de procuración de justicia y carcelario. Sus policías militares dependerán de Él y los demás se quedarán a recibir las agresiones criminales, burocráticas y sociales. Parece que ningún policía merece respeto de nadie. Todos contra ellos.

Si deveras el que viene sabe algo de la historia nacional, debiera entender que ningún presidente las puede por sí solo, que los grandes proyectos chocan siempre con otra realidad no imaginada y que, en fin, todo pasa y nada queda, incluidas las narraciones mandadas a hacer para subirse al pedestal broncíneo.

Así, los equilibrios, los controles, las representaciones y las atribuciones de la República tendremos que hacerlas cumplir nosotros los ciudadanos, desde abajo, porque los de arriba no quieren nada de eso.

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